lunes, 2 de febrero de 2009

Estreno mi techo y se enfría por la lluvia, esa que parecía extinta por estos lugares hasta el punto en que se habría convertido en un nombre que, en boca de los lugareños, tenía regusto a añoranza por lo que no regresará jamás [como para mí tu boca] loca arisca que cuando está de buenas puede hasta regalarte noches de alocado tap, o quizás si tu estrella es buena [como la mía hoy] un susurro metálico que haga mas dulce tu entrega a los sueños propios y por qué no, ajenos.
Esquiva como los besos de la puta de Mitre y 3 de Febrero, esa a la que veía por la ventana alguna noche de calor que me obligaba a peregrinar a la heladera una y otra vez en busca del líquido inodoro, incoloro, insípido [como los besos que me diste aquella tarde contra una ventana], sin percatarme de que lo que apagaría el fuego no era otra cosa que tu mirada gélida de lobo albino, blanco hiriente.

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Ya no se que olor tengo. Si a ciudad, si a campo...es eso. Irracional. Puramente olfativo el lío. Llorar en un fogón en el Mármol siendo parte a-parte de un conglomerado de gente en torno del primer fuego. A llorar la desorientación, la puta madre.

2 comentarios:

  1. Faltará entonces una brújula que te devuelva la sonrisa y con la sonrisa un norte. Aunque no olvidar esa "mágica sensacion de no saber adonde ir". Un beso.

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  2. Que bueno leerla, amiga; que bueno...

    Chapeau, Aurelia.

    Besos

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